jueves, 7 de marzo de 2013

Recuerdos.

Eres éso, un recuerdo.
No eres más que éso.
No eres alguien de mi presente, aunque estás en mi mente a cada rato.
No eres nadie en mi futuro. No eres nada.
No eres más que un sucia foto de lo que fue, no eres más que una foto de lo que ocurrió, de lo que vivimos. No eres más que lágrimas. Que las noches llorando hasta las tantas las he pasado yo solito, y tú no estabas.
Disculpa. Sí, disculpa si estás leyendo ésto, y disculpa si te duele. No pretendo hacernos más daño repitiendo lo mucho que fuiste, y lo poco que hoy somos.
¿Pero sabes? Aún me aferro a nuestros últimos minutos felices. Aún me aferro a tu voz diciendo que me amabas. Aún me aferro a la duda de si mentías, o de si de verdad sentías.
Suena extraño, pero me sigue haciendo bien escuchar tu voz, aunque sea en una grabación. Suena extraño, pero sigo sintiendo el "te amo" de aquella grabación.
Y es bueno, es bueno seguir escuchándote.
Leer todo lo que tienes que contarme.
Leer lo que nunca me dijiste.
Es bueno leer que has conocido a otro.
Suena extraño, y de lo mal que suena, hasta hace daño saber que mis despertares han pasado de ser con una sonrisa por ti para que comiencen a ser una pesadilla sin ti.
Y también suena extraño que la pesadilla comience cada mañana, tras no recibir ni un mensaje tuyo al despertarme.
... La verdad es que no sé muy bien por dónde llevar esta entrada. Hay muchos temas de los que quiero hablar, y faltan ganas si me faltas tú.
...
No eres más que un recuerdo, enano. Y tengo que olvidarte. Olvidar que existes. Que exististe. Que fuiste. Que te fuiste. Tengo que hacerme a la idea de que no vas a regresar... Y lo voy a conseguir.

lunes, 4 de marzo de 2013

Distancia.

Soy imbécil.
Claro que soy imbécil. Mucho.
Primero conozco a un chico.
Chateo con él en varias ocasiones.
Después me gusta.
Chateo con él más tiempo, las conversaciones pasan de ser de una hora, a acabar cuando el sol comienza a asomar su dorada cabeza por el horizonte.
Al cabo de un tiempo, sin importar su físico, su altura, o la distancia que nos separe, nace el amor.
Sí, chicos, chicas, quienes estén leyendo ésto. 
El amor, que puede aparecer en cualquier lugar, en cualquier momento. Puede nacer aquí, o allí. Puede nacer y no acabar jamás, puede ser abortado, o puede morir demasiado tarde,... O demasiado temprano. Y ésto último nos ocurrió a nosotros.
¿Un mes es demasiado tiempo juntos? Ni de broma.
Con él, yo esperaba durar para siempre, con él, habría tumbado todos los ochos que hiciera falta, por él habría cruzado ciento dieciocho kilómetros andando, en bus, en el coche de mis padres, o a la pata coja... Como fuese necesario, con tal de verle.
Le amaba. Y ésa magia no se pudo ir tan rápido.
Si no fue mi culpa, ni tampoco la de él.
...
Diría incluso que él era el novio perfecto, pero que la distancia era la equivocada pero no.
Él era el chico perfecto, el novio perfecto, el todo perfecto... Pero no puedo culpar a la distancia, como tampoco puedo culparme a mí de lo que ocurrió. Que aquí, o tenemos la culpa los dos, o no la tiene ni Dios, joder. Culpar a los ciento dieciocho kilómetros es de cobardes. ¿Si no me importó amar por muy lejos que ése chico estuviese, cómo iba a molestar el verle cada dos fines de semana, cómo iba a importar no poder besarle, no poder tocarle siquiera? Que sí, aquel fin de semana, él debería de haber estado conmigo. Pero no lo hizo. Él estaba en su pueblo, y yo en el de mi padre. Que el otro me besó. Vale, sí, podré decir mil veces que la culpa no fue mía, y él, mi exnovio dirá lo mismo, me conoce y sabe que yo no tuve la culpa. Pero vosotros que estáis leyendo ésto no habréis parado de juzgarme desde que habéis empezado a leer.
Bien, pues soy Pé, y éste es mi rincón. Y no he venido a aburriros. Los que habéis decidido entrar y leer sois vosotros. Yo solo me dedico a desahogarme.